No sólo Jeremías hace una distinción entre el Antiguo y Nuevo Pacto al observar la diferencia en su poder, sino que va más allá al explicar que el principio de la cabeza federal del Pacto Mosaico no sería operativo en el Nuevo Pacto. Bajo el Pacto Mosaico los niños no fueron vistos independientemente de sus cabezas federales. El pueblo de Dios del antiguo pacto fueron consistentemente recomenzados o castigados colectivamente. Si la cabeza federal (el rey) hacía lo que era justo ante Dios, la nación de Israel era bendecida. Sin embargo, si el rey hacía lo malo ante Dios, la nación era maldecida. La cabeza federal es la manera en la cual Dios trató con la nación de Israel y con las familias individuales contenidas en la misma. La justicia o pecaminosidad de la cabeza federal era imputada a quienes estaban por debajo. “Que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación” (Ex. 34:7).
 
Por otro lado, Jeremías afirmó que el principio de la cabeza federal (esto es, aparte de la cabeza federal de Cristo) sería completamente erradicada en el nuevo pacto. “En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera.” (Jer. 31:29-30). En lugar de juzgar a los niños por la relación legal o pactual de sus padres con Dios, ellos son vistos independientemente y responsables de sus propios pecados: “sino que cada cual morirá por su propia maldad” (Jer. 31:30).
 
La simiente física de Israel, por nacimiento, fue automáticamente incluida en el Pacto Mosaico. Jeremías, sin embargo, hace claro que el principio de cabeza federal y la perpetuidad nacional no aplicaría al nuevo pacto. [1]
 
En el Pacto Mosaico la mayor parte de sus participantes no conocían a Dios. Muchos adoraban ídolos paganos y ofrecían oraciones al sol y a las estrellas, pero muy pocos conocían quien era Dios de manera experimental. Los niños nacerían dentro del pacto, serían circuncidados, y aún muchos, si no la mayoría, crecerían, vivirían sus vidas, y morirían sin siquiera tener un verdadero conocimiento salvador de Jehová. La diferencia en el nuevo pacto es que no hay quien no conozca al Señor: “Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.” (Jer. 31:34). Sabemos que esto es referente a una relación salvadora, porque Jeremías sigue diciendo, “ porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.” Esta es la diferencia entre el Antiguo y Nuevo Pacto.
 
Sin embargo, la teología del pacto paidobautista hace ver que los inconversos ‘hijos del pacto’ son miembros del nuevo pacto. Esto, sin embargo, no es lo que la Palabra de Dios enseña. La noción de que niños inconversos están en el nuevo pacto es contraria a la naturaleza de nuevo pacto y es negar expresa y enfáticamente la enseñanza de Jeremías y la del autor del Nuevo Testamento de Hebreos (Heb. 8:8-13).
– Jeffrey D. Johnson
The Fatal Flaw of the Theology Behind Infant Baptism (p. 175-177).


[1] El principio de la cabeza federal aplica en el nuevo pacto en el sentido de que Jesucristo es el representante oficial y legal para Su pueblo. Su justicia ha sido imputada a la cuenta de su pueblo, y debido a esto ellos pueden estar justificados ante Dios. A pesar de que Cristo puede ser visto como la cabeza federal y representativa de todos aquellos que están en unión con Él, esto no significa que derramó su sangre sobre los hijos de los creyentes. Los cristianos disfrutan la justicia de Cristo, pero sólo debido a que ellos han sido espiritualmente bautizados en Cristo. Los hijos heredan la depravación de sus padres, pero en ningún sentido, forma o manera, ellos heredan, comparten o participan, en la gracia, la cual sus padres han recibido a través de una relación personal e incomunicable con Jesucristo.

Traducción libre por: Federalismo 1689 Español.
Anuncios