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Es algo maravilloso que Dios entre en un pacto de gracia con los hombres. Que hiciera al hombre y fuera misericordioso con él, es fácilmente concebible; pero que estreche Su mano con Su criatura y ponga Su augusta majestad en un vínculo con esa criatura por Su propia promesa, es algo prodigioso. Una vez que sé que Dios ha hecho un pacto, no me sorprende que lo recuerde, pues Él es “Dios que no miente.” “Habló, ¿y no lo ejecutará?” ¿Ha hecho una promesa solemne alguna vez? Sería inconcebible que no la cumpliera. La doctrina del texto se elogia por sí sola ante todo hombre razonable y considerado: si Dios ha establecido un pacto, será siempre fiel a ese pacto. Es a ese punto al que quiero llamar su atención ahora, con el deseo de que tenga una aplicación práctica.

Que Dios establezca un pacto de gracia con nosotros es una bienaventuranza tan grande, que espero que cada uno de los que están aquí presentes diga en su corazón: “¡Oh, que el Señor estableciera un pacto conmigo!”

– Charles Spurgeon.


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