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Otra de las doctrinas que nos caracteriza como Bautistas Reformados y nos separa de nuestros hermanos reformados presbiterianos es lo que creemos con respecto al bautismo. 

Nuestra confesión dice, 

El bautismo es una ordenanza del Nuevo Testamento instituida por Jesucristo, con el fin de ser para la persona bautizada una señal de su comunión con él en su muerte y resurrección, de estar injertado en Él, de la remisión de pecados y de su entrega a Dios por medio de Jesucristo para vivir y andar en novedad de vida. [1]

Como Bautistas Reformados creemos en el credobautismo, es decir, en el bautismo de creyentes. Esta ordenanza, como afirma nuestra confesión, debe ser recibida únicamente por aquellos que son verdaderos discípulos de Cristo, solis disciupulis,[2] habiéndose arrepentido de sus pecados y habiendo creído en el Señor Jesucristo.

DEFINICIÓN

¿Cómo es que definimos, entonces, el bautismo? Bueno, Thomas Nettles lo define de la siguiente manera, 

El bautismo es la inmersión en agua de un creyente en Jesucristo realizado una sola vez como la iniciación de tal creyente dentro de una comunidad de creyentes, la iglesia. [3]

Y somos Bautistas Reformados precisamente porque vemos este argumento enseñado consistentemente en la Escritura. Pero, ¿cuáles son estos argumentos? 

I. ARGUMENTO LINGÜÍSTICO

El término bautismo proviene de la palabra griega baptizō que significa, “hundir o sumergir” algo en agua. Este es el uso más reconocido tanto en la literatura griega clásica, la Septuaginta LXX,[4] y como veremos, el Nuevo Testamento. Y este es el entendimiento de la gran mayoría de léxicos griegos.[5]

Algunos teólogos como Berkhof, un presbiteriano, han objetado este entendimiento queriendo defender la aspersión o el rociamiento con agua, usando pasajes como Marcos 7:4, afirmando que el uso de ese término se daba también en la antigüedad para bañarse o lavarse. 

Sin embargo, si leemos bien estos pasajes en su contexto histórico, podemos entender que el uso del término involucra cubrir un objeto o un cuerpo con agua.[6] Si algún escritor del Nuevo Testamento hubiera querido indicar que las personas eran rociadas con agua, como desea argumentar Berkhof, ellos hubieran podido utilizar un término bastante conocido en el griego, rhantizō.[7] Sin embargo, no fue este el término que utilizaron. 

El mismo Calvino dijo en su Institución de la Religión Cristiana, 

Aunque la palabra misma “bautizar” significa sumergir; y consta que la iglesia primitiva usó este rito. [8]

Entonces, debido a que el uso de ese término en la Escritura es para denotar la inmersión de una persona bajo el agua, nosotros como Bautistas Reformados lo hacemos así, y es lo que afirmamos en nuestra confesión.[9]

II. ARGUMENTO CONTEXTUAL

No sólo apoya el lenguaje el bautismo por inmersión, sino que también lo hace el contexto en que se usa el término en el Nuevo Testamento.  

Por ejemplo, en Marcos 1:10 leemos lo siguiente, “Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu Santo como paloma que descendía sobre Él. [10]

El término utilizado por Marcos, anabainō, no da a entender que Jesús vio al Espíritu Santo cuando salió del agua como quien camina del mar a la playa, sino da a entender que Jesús lo vio inmediatamente después de haber ascendido de debajo del agua.  

Lo mismo debemos entender de la narración de Felipe y el eunuco en Hechos 8:38-39 en donde se nos dice que ambos descendieron primero al agua y luego subieron de ella, con el propósito de que Felipe le bautizara.  

Si Felipe hubiera tan sólo rociado al eunuco hubiera sido necesario tan sólo acercarse a la orilla del río o del cuerpo de agua. ¿Con qué motivo, entonces, descendieron ambos al agua, si no para bautizar o sumergir al eunuco bajo el agua?

Sólo los discípulos son sujetos del bautismo

Ahora, la pregunta que debemos hacernos es: ¿de qué discípulos estamos hablando? ¿De aquellos que se han arrepentido y han profesado fe en el Señor Jesucristo, o también de los hijos de los creyentes? ¿Son estos últimos sujetos al bautismo por ser discípulos de sus padres? 

El Nuevo Testamento registra una de las órdenes más claras del Señor Jesucristo a Sus discípulos, 

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado.” [11]

Gramaticalmente el mandamiento del Señor Jesucristo para Su iglesia es hacer discípulos. Ese es el único imperativo en ese pasaje. Y podríamos entender las palabras del Señor así,  

Por tanto, yendo a todas las naciones,[12] hagan discípulos, bautícenlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y enséñenles que obedezcan todo lo que les he ordenado a ustedes.”  

Entonces, de nuevo, debemos preguntarnos: ¿A quién se refiere el Señor Jesús que debemos bautizar? 

Algunos presbiterianos han llegado a afirmar que algunos hombres llegan a ser discípulos por conversión y otros por nacimiento.”[13] La idea es que los niños de los creyentes nacen a una vida de discipulado que los hace sujetos al bautismo que le ordenó el Señor a Sus discípulos en Mateo 28, no porque sean regenerados, sino porque son instruidos por sus padres en el evangelio. 

¿Pero, es a ese tipo de discípulos a los que se refería el Señor? Bueno, lo primero que debemos comprender es que a pesar de que el Señor Jesús llamó a muchos “Sus discípulos” [14] (i.e. Judas Iscariote), no todos eran los discípulos a los que se refería Jesucristo en Mateo 28.

La palabra discípulo viene del griego mathetes, que significa “estudiante, pupilo, o seguidor.¿Quiénes eran los discípulos del Señor? 

En Juan 8:31-32 le dijo el Señor al algunos que habían creído en Él, “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” 

Los verdaderos y únicos discípulos del Señor Jesucristo son aquellos que reciben y permanecen o perseveran en Su palabra. Y quiénes son estos si no sólo los creyentes, quienes han sido regenerados y ahora aman, ¿atesoran y viven de acuerdo a ella?

Los verdaderos discípulos del Señor son aquellos, que como escribió el apóstol Pablo a los Efesios han aprendido así a Cristo, le han oído, y han sido por Él enseñados.

Sin embargo, si esto no convence a nuestros hermanos presbiterianos, entonces, debemos preguntarnos: ¿cómo entendieron Sus discípulos las palabras del Señor Jesús en Mateo 28?  

Y esto es importante, porque el Nuevo Testamento apoya consistentemente el bautismo de creyentes como los verdaderos y únicos discípulos de Jesucristo. 

La gran comisión le ordena a la iglesia a hacer discípulos de Cristo, mientras van predicando el evangelio en todas las naciones. A aquellas personas que Dios salva mediante esa predicación, la iglesia debe bautizarlos y luego ellos deben unirse a la iglesia para continuar su vida aprendiendo todo lo que el Señor ha ordenado en Su palabra.  

¿No es esto lo que entendieron los discípulos de Cristo y que hicieron en el libro de los Hechos de los Apóstoles? 

1. Hechos 2:37-42:

37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? 38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. 39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. 40 Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. 41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. 42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” 

El contexto en el que ocurre este pasaje es el del Espíritu Santo, la promesa, viniendo sobre los discípulos de Señor y dándoles poder para dar testimonio de Cristo hasta lo último de la tierra.[15]

Pedro, lleno del Espíritu Santo, se levanta y predica el evangelio a lo que parecen ser miles de personas de por lo menos 15 nacionalidades diferentes. Cuando termina su sermón unos “se compungieron de corazón,” y le preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles, “Varones, hermanos, ¿qué haremos?”  

Pedro, procede a indicarles lo que deben hacer para ser salvos: arrepiéntanse, crean, y luego bautícense en el nombre de Jesucristo para perdón de pecados y para recibir la promesa del Espíritu Santo.  

Y esa promesa que según el resto del Nuevo Testamento y según la promesa del nuevo pacto en el Antiguo Testamento viene con la regeneración le es prometida no sólo a ellos que habían creído, sino también a sus “hijos y para todos los que están lejos.

Esa promesa de la que habla Pedro no es el bautismo, sino el don del Espíritu Santo, que le fue prometido a Israel no sólo por medio del profeta Joel, como lo dijo Pedro en su sermón, sino también como el mismo Señor lo prometió a los Suyos antes de ascender a los cielos. 

Y era, no sólo para ellos, sino también para sus hijos. ¿No está, entonces, diciendo que debemos bautizar a los hijos de creyentes? No. Primero, porque la promesa no es el bautismo, sino el Espíritu Santo, y Él le es dado únicamente a los creyentes. 

Segundo, porque es únicamente para “cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” Ellos, que habían creído, y habían, según el versículo 41, recibido la palabra predicada por Pedro, fueron bautizados.  

¿Y qué más? Bueno, luego hicieron lo que el Señor les había ordenado en Mateo 28, y fueron añadidos a la iglesia para ser enseñados en toda la Palabra de Dios, 

Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. (Hc. 2:42).

Este es el más claro ejemplo de cómo fue que los discípulos de Cristo entendieron Sus palabras en Mateo 28. Y es la razón por la cual entendemos que los sujetos del bautismo son únicamente los discípulos de Cristo, entendiéndose por ellos, aquellos que reciben la Palabra de Dios, creen, se arrepienten y perseveran en ella. 

2. Hechos 9:17-18:

17 Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. 18 Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado.

3. Hechos 10:47-48:

47 Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? 48 Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.” 

4. Hechos 16:14-15: 

14 Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. 15 Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos.” 

5. Hechos 16:32-34:

32 Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. 33 Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. 34 Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.[16]

6. Hechos 18:8:

Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados.” 

La práctica, entonces, de la iglesia primitiva, establecida por los apóstoles, discípulos de Cristo, era bautizar a aquellos que habiendo escuchado la predicación del evangelio se habían arrepentido y creído en el Señor Jesucristo. Sólo estos eran bautizados y luego admitidos dentro de una iglesia local en donde persistían en la doctrina de los apóstoles.  

Ausencia de evidencia de bautismo de incrédulos en el Nuevo Testamento 

El otro punto importante es que el Nuevo Testamento carece de pruebas para el bautismo de incrédulos, sean estos adultos o infantes, sin importar si tienen alguna relación de consanguinidad con creyentes. 

Se ha dicho muy acertadamente que una persona puede nacer Católico Romana, presbiteriana, luterana, episcopal, pero nunca bautista. Los bautistas no nacemos, sino que llegamos a serlo después de haber creído en el Señor Jesucristo. 

Y como Bautistas Reformados negamos que exista alguna evidencia escritural de que la iglesia deba bautizar infantes o niños que no han creído antes en el Señor. Benjamín B. Warfield, un teólogo presbiteriano, escribió diciendo, 

Es cierto que no hay una orden expresa para bautizar infantes en el Nuevo Testamento, ningún registro expreso de bautizar infantes, y ningún pasaje implicándolo rigurosamente que nosotros debamos inferir que los infantes eran bautizados.” [17]

Para defender el paidobautismo muchos presbiterianos citan aquellos pasajes en donde se narran bautismos de familias enteras. Por ejemplo, Hechos 16:32-34,

32 Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. 33 Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. 34 Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.” 

Sin embargo, es claro que Pablo y Silas habían predicado el evangelio al carcelero y a todos los que estaban en su casa. Debemos asumir que todos los que estaban escuchando tenían la capacidad de entender lo que se les estaba diciendo, por lo tanto, se excluyen los infantes. 

Luego, Pablo y Silas bautizan al carcelero y a su familia, ¿por qué? Bueno, porque según el versículo 34, ellos habían creído en Dios.  

El resto de pasaje en el libro de los Hechos que narran este tipo de bautismos, como el de Cornelio (Hechos 10:48); Lidia (Hechos 16:15); Crispo (Hechos 18:8); Estéfanas (1 Corintios 1:16), etc., nunca afirman que entre esas personas bautizadas haya habido infantes.  

Sin embargo, muchos presbiterianos y/o paidobautistas, los citan para apoyar su práctica, claramente añadiéndole al texto. Sin embargo, como bien afirma Warfield, usar el Nuevo Testamento para apoyar el bautismo de infantes es inútil.

El otro pasaje usado por los paidobautistas es 1 Corintios 7:14, que dice, “Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos.” 

El argumento es que los hijos de un creyente son santos, por lo tanto, deben ser bautizados, pues guardan una relación especial con el Señor. ¿Pero, es esto lo que está enseñando el pasaje? 

Cuando estudiamos el contexto nos damos cuenta que este nunca es una defensa del paidobautismo. Si así lo fuera, entonces tendríamos que argumentar que hasta el marido o a la esposa incrédula, por su relación con el creyente, deben ser bautizados y admitidos dentro de la membresía de la iglesia. Pero, esto no es algo que practicarían los que usan este texto para justificar el bautismo de niños.

Lo que Pablo está argumentando es que tanto el cónyuge incrédulo como los hijos, por razón de tener un creyente en su hogar, tienen una ventaja espiritual que no la tienen aquellos cuyos dos padres son incrédulos.  

Cuando hay un creyente en el hogar hay un testimonio de la verdad de Cristo, hay lectura de la Palabra de Dios, hay oraciones, hay meditaciones, etc., que van a influir en las vidas de las personas que habitan el hogar. Pero, argumentar que debemos bautizar a los niños de creyentes es un grave error hermenéutico.  

LA TEOLOGÍA DETRÁS DEL CREDOBAUTISMO

El mismo Warfield continúa diciendo en su libro, 

Si tal garantía como esta fuera necesaria para justificar el uso que debemos tener deberíamos dejarla incompletamente justificada. Pero la carencia de este expreso mandamiento es algo tan lejano para prohibir el rito; y si la continuidad de la Iglesia a lo largo de los siglos puede ser hecha buena, la orden para el bautismo de infantes no debe ser buscado en el Nuevo Testamento sino en el Antiguo Testamento cuando la iglesia fue instituida, y nada menos que una prohibición real de esto en el Nuevo Testamento nos obligaría a omitirlo ahora. [18]

Entonces, Warfield, al no poder encontrar una base neotestamentaria que justifique el bautismo de infantes, tiene que ir al Antiguo Testamento, lo cual, como veremos, es un grave error hermenéutico. 

Otros, como Charles Hodge, uno de los grandes teólogos presbiterianos del pasado, cometen otro grave error. No sólo admiten que los infantes no pueden ejercer fe y por lo tanto no pueden ser sujetos para el bautismo. Pero, como admiten que el bautismo es la entrada de los hombres a la iglesia, entonces redefinen el concepto de la iglesia para que incluya a los hijos de los creyentes, y eso les provee el argumento para bautizar a los hijos de los creyentes. 

Hodge escribió,

La dificultad en este tema es que el bautismo por naturaleza involucra una profesión de fe; es la manera en la que, por la ordenanza de Cristo, Él debe ser confesado delante de los hombres; pero los infantes son incapaces de hacer tal profesión; por lo tanto, ellos no son sujetos apropiados para el bautismo. O, para decirlo de otra manera: los sacramentos les pertenecen a los miembros de la Iglesia; pero la Iglesia es la compañía de creyentes; los infantes no pueden ejercer fe, por lo tanto, no son miembros de la Iglesia, y consecuentemente no deberían ser bautizados. En orden para justificar el bautismo de infantes, debemos lograr y autenticar tal idea de Iglesia que incluya a los hijos de padres creyentes.” [19]

Vemos, entonces, en estos dos ejemplos la diversidad de justificaciones entre paidobautistas para favorecer el bautismo de infantes. En su gran mayoría lo que hacen es asumir una continuidad entre el pacto Abrahámico y el Nuevo Pacto; argumentar que el primero es el mismo pacto de gracia hecho entre Dios y Su Hijo.  

Sin embargo, como hemos visto, la manera más consistente de entender los pactos en la Escritura es viéndolos como la revelación progresiva de Dios del pacto de gracia, que culmina en el establecimiento del Nuevo Pacto, el cual sí es el Pacto de Gracia en todo su esplendor. 

En nuestra teología federal asumimos que Cristo, como la cabeza del Nuevo Pacto ganó con Su sangre todas las bendiciones para aquellos que por fe estuvieran relacionados con Él. 

Y este Nuevo Pacto no era el mismo pacto Abrahámico, como suponen los presbiterianos, sino que como su nombre lo dice, era un nuevo pacto, una nueva manera en la que Dios trataría con Su pueblo.  

Ese pacto Abrahámico tenía que ver con el pueblo de Israel, una nación física tan numerosa como la arena del mar, que heredaría la tierra de Palestina, de la cual vendrían reyes que la gobernarían, y de la cual vendría el Mesías, la simiente prometida en el protoevangelio.[20]

Sin embargo, el Nuevo Testamento presenta a ese pacto siendo transformado en el Nuevo Pacto. ¿Cómo así? El siguiente cuadro nos muestra esta realidad,

Pacto Abrahámico Nuevo Pacto
Tierra física (Génesis 12:1) Tierra espiritual (Hebreos 11:10-16)
Nación física (Génesis 12:2) Nación espiritual (1 Pedro 2:9)
Signo físico, la circuncisión
(Génesis 17:11)
Signo espiritual, la circuncisión espiritual (Colosenses 2:11)
Simiente física (Génesis 17:7) Simiente      espiritual     
(Gálatas 3:7,16,29)

El Nuevo Testamento no está preocupado por los aspectos físicos de las promesas hechas a Abraham, y es ahí donde debemos entender la discontinuidad entre las promesas hechas al patriarca y las del Nuevo Pacto. 

La nación física de Israel era una sombra de la nación espiritual del Nuevo Pacto, el pueblo de Dios, la Iglesia, la cual es hecha santa por el Señor Jesucristo.  

No se trata de heredar una tierra física, sino de una que es celestial, cuyo arquitecto es Dios. No se trata de un signo físico que caracteriza a aquellos que pertenecen a esa nación, sino de un signo espiritual, la circuncisión no hecha con manos, sino la que es hecha en el corazón por Dios en la regeneración.  

No se trata de que los hijos de los miembros de esa nación pertenezcan a ella automáticamente simplemente por el hecho de ser descendientes físicos, sino de los hijos espirituales que entran por fe a esa nación, la Iglesia.  

Y los presbiterianos admiten esas realidades espirituales del pacto Abrahámico transformadas en el Nuevo Pacto, excepto por una, la descendencia física de los miembros del Nuevo Pacto.  

Pero, todo el Nuevo Testamento y especialmente los Evangelios nos muestran que la verdadera descendencia de Abraham, no eran los que lo eran físicamente, sino los que lo eran espiritualmente; es decir, aquellos que tuvieran la misma fe de Abraham.[21] Cómo dijo Pablo a los Gálatas, 

Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.” [22]

Segundo, el bautismo es un signo del Nuevo Pacto. Reconocer esto es importante porque debemos preguntarnos porque muchos buscan justificar sus prácticas de bautismo basándose en principios del Antiguo Pacto, del cual el Nuevo Testamento es claro, quedó invalidado. 

Nosotros somos Bautistas Reformados porque entendemos que la señal del Nuevo Pacto es el bautismo, instituida por la cabeza federal de ese pacto, la cual es Cristo, y dado exclusivamente para aquellos que se han arrepentido y han creído en Él.  

¿Reemplaza el Bautismo a la Circuncisión?

Otro de los argumentos de los paidobautistas es que el bautismo reemplaza en el Nuevo Pacto a la señal física del Pacto Abrahámico. ¿Pero, es esto así? 

Como vimos antes, la señal física del pacto con Abraham no es reemplazada en el Pacto hecho con Cristo por el bautismo, sino por la señal espiritual, aquella que tipificaba lo que Dios haría por Su pueblo, esto es, la regeneración. 

En Colosenses 2:11-13, Pablo escribió lo siguiente, 

11 En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; 12 sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. 13 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados.” 

De acuerdo a este pasaje, la circuncisión y el bautismo tienen una relación, pero no una analogía, es decir, el bautismo no es el reemplazo del signo externo de la circuncisión.  Esta tipifica o era la sombra en el Antiguo Testamento de la regeneración, no del bautismo. 

El bautismo testifica de esa obra poderosa en el corazón de un pecador por el Espíritu Santo por medio de la cual da vida espiritual a los muertos, uniéndolos espiritualmente a la muerte y resurrección de Cristo.[23]

El pueblo del Nuevo Pacto está compuesto, entonces, de hombres y mujeres, niños y niñas, de toda tribu, nación y lengua, quienes comparten su fe en Jesucristo, sean judíos o gentiles.  

En el Nuevo Pacto ya no hay límites étnicos. Cuando Dios destruyó a la nación de Israel en el año 70 d.C. por medio del Imperio Romano, lo hizo para demostrar que esas fronteras étnicas ya no existirían más. El pueblo de Dios no dependía de una descendencia física, sino de una espiritual. Y entre estos estaban contados judíos y gentiles, “a cuantos Dios llamara.” [24]

Y esta ha fue la práctica y creencia de la Iglesia en los primeros siglos después de Cristo. Hendrick Stander y Johannes Louw, dos historiadores presbiterianos, hicieron un análisis histórico del bautismo de infantes en la historia y concluyeron que en los primeros cuatro siglos de la Iglesia se practicaba el credobautismo.  

Y cuando se bautizaban infantes se hacía pensando que este rito quitaba el pecado original o tenía una capacidad regeneradora. David Wright, otro historiador concluye lo siguiente en su libro, 

La experiencia bautismal de la iglesia de los Padres primitivos era en gran medida de bautismo de creyentes, o quizás mejor dicho bautismo de conversión. Estudios históricos están consolidando la conclusión que el bautismo de infantes no vino a ser, como práctica común, hasta después de Agustín, probablemente en el siglo sexto.” [25]

Tertuliano, Ireneo, Hipólito, Justino Mártir, todos ellos y más, se opusieron al bautismo de infantes y abogaron siempre por el credobautismo.

CONCLUSIÓN 

Es claro, entonces, que debe ser el Nuevo Pacto el que nos guíe a interpretar correctamente la doctrina del bautismo. Este es un signo dado por Cristo, la cabeza federal y Señor del Nuevo Pacto, a Su pueblo, la Iglesia. Y es nuestra responsabilidad aplicarlo a aquellos para quienes fue dado. 

La iglesia es el pueblo de Dios, conformado por todos aquellos que han sido regenerados por el Espíritu Santo habiendo escuchado el evangelio de Cristo, arrepintiéndose y habiendo creído en Cristo. Es a ellos, los descendientes verdaderos de Abraham, los que comparten su fe, a los que debemos bautizar.  

Bautizar incrédulos, sean estos hijos o no de creyentes, es un pecado, pues no sólo es ir en contra del mandamiento del Señor, sino que es transgredir el Principio Regulador de la Adoración, el cual regula tanto el bautismo como la Cena del Señor, dentro de la adoración pública del pueblo de Dios.

Autor: Eduardo Flores.
Iglesia Bautista Reformada Los Lagos


Artículo Original:
Por que soy Bautista Reformado. 12. Doctrina del Bautismo.


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NOTAS:

[1] CBL 1689. Capítulo 29. 1

[2] Descripción hecha por Fred Malone en su libro, “The Baptism of Disciples Alone.” Introducción, xxxiii 135 Ibid. Párrafo 2.

[3] Thomas J. Nettles. Understanding Four Views on Baptism. Página 25.

[4] La Septuaginta es la versión griega del Antiguo Testamento, traducida aproximadamente 200 a 300 años antes de Cristo, la cual usa ese término en 2 Reyes 5:14.

[5] Theological Dictionary of the New Testament 1:530; A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature página 131; Strong;s Concordance with Hebrew and Greek Lexicon página 933-935.

[6] En esos tiempos no existía una fuente de corriente de agua con que lavar los utensilios de comida. Esto era hecho en agua estancada, ya fuera, en ríos o en envases que pudieran contener agua para estos usos. Alfred Edersheim afirma que si estos vasos eran comprados por judíos a los gentiles, debían ser primero sumergidos en agua hirviendo, purgados con fuego, y luego pulidos. Life and Times of Jesus the Messiah. Página ii. 3.

[7] Término usado en Hebreos 9:13, 19, 21; 10:22.

[8] Juan Calvino. Institución de la Religión Cristiana. Libro IV, xv. 19.

[9] CBL 1689. Capítulo 29. 4.

[10] LBLA dice, “E inmediatamente, al salir del agua…”.

[11] Mateo 28: 19-20.

[12] También podría traducirse “mientras van”.

[13] Este es al argumento del pastor Nicolás Lammé. Reforma Siglo 21. Volumen 13, Número 2. Octubre 2011. Página 38-41.

[14] En realidad, muchos de Sus seguidores fueron identificados por otros como discípulos de Cristo 149 Efesios 4: 20-21.

[15] Hechos 1:8.

[16] La Biblia de las Américas lo traduce así, “y se alegró mucho junto con toda su familia por haber creído en Dios” De nuevo, debemos ver el orden en el que ocurren las cosas siguiendo el patrón de Mateo 28:19-20. Aquí nació la iglesia en Corinto, lo cual indica que estos que creyeron y fueron bautizados se unieron juntos para formar una iglesia local para ser enseñados los primeros seis meses de su vida cristiana por Pablo.

[17] B. B. Warfield. Studies in Theology. Página 399-400.

[18] Ibid.

[19] Charles Hodge. Systematic Theology. Volumen 3, página 546-547.

[20] Este término se refiere al primer evangelio que le fue predicado a Adán y Eva en Génesis 3:15.

[21] Lucas 19:9; Juan 8:39.

[22] Gálatas 3:7.

[23] Este es el argumento de Pablo en Romanos 6:1-14.

[24] Este es el argumento de Pablo en Romanos 11.

[25] David F. Wright. Recovering Baptism for a New Age Mission. Página 57.


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