En la perspectiva Bautista Particular, la identidad del Nuevo Pacto no puede ser separado del pacto de gracia. Es por eso que mucho de lo que se ha dicho ya en este capítulo define la visión bautista del Nuevo Pacto. Sólo desarrollaremos lo que puede ser visto como un aspecto distinto de la perspectiva bautista: la novedad del Nuevo Pacto.

La novedad del Nuevo Pacto, según el enfoque paidobautista, se limitaba a los aspectos externos del pacto y no tocaba su sustancia interna. Esto es exactamente lo que dijo el gran teólogo reformado Francis Turretin. “Se llama ‘nuevo’ no en cuanto a la sustancia del pacto (que es la misma en ambos), sino: (1) en cuanto a las circunstancias y el modo.” [1]

John Owen, de acuerdo con la teología Bautista Particular, explica que la naturaleza incondicional constituía la novedad del Nuevo Pacto:

Un pacto es propiamente un convenio o acuerdo sobre ciertos términos mutuamente estipulados por dos o más partes. Como las promesas son el fundamento y el comienzo del mismo, como es entre Dios y el hombre, así también incluye preceptos, o leyes de obediencia, que son prescritas al hombre, de su parte, para ser observado. Pero en la descripción del pacto que aquí anexado [el Nuevo Pacto] no hay mención de ninguna condición de parte del hombre, de ningunos términos de obediencia prescritos a él, sino que el conjunto consiste en promesas gratuitas y libres, como veremos en la explicación de la misma.[2]

La naturaleza incondicional constituye el elemento radicalmente nuevo y único del Nuevo Pacto. Para los credobautistas, el Nuevo Pacto era radicalmente nuevo ya que ningún otro pacto formal anterior a éste, fue incondicional.

Las promesas del Antiguo Pacto fueron precedidas por un “si” que las hizo condicionadas a la obediencia del hombre, mientras que las promesas del Nuevo Pacto fueron marcadas por un monergismo divino:

33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. 34 Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. (Jer. 31:33-34)

Los tres elementos que componen la sustancia del Nuevo Pacto son obras supremamente operadas por Dios y son presentadas en el estado indicativo, no en el condicional. Ninguna de estas promesas depende de una condición que tenía que ser satisfecha primero por el hombre. La naturaleza incondicional de este pacto lo convirtió en un pacto radicalmente nuevo. Thomas Patient explica que lo que hizo del nuevo pacto “intransgredible”, contrario al Antiguo Pacto que podía ser transgredido (Gn. 17:14), era este carácter incondicional:

Porque, como he mostrado antes, es imposible que el Nuevo Pacto se pueda romper porque es un pacto absoluto hecho bajo ninguna condición para ser cumplida por la criatura. Pero el Señor obra “tanto en querer como en hacer de su buena voluntad” en este pacto. Por lo tanto, “no está en el que quiere, ni en el que corre, sino en Dios que muestra misericordia.” [3]

Sin embargo, los Bautistas no concibieron la naturaleza incondicional del Nuevo Pacto como proveniente de la abolición del pacto de obras. Por el contrario, el Nuevo Pacto era incondicional, según ellos, ya que el pacto de obras fue cumplido. Por lo tanto, el Nuevo Pacto fue incondicional para todos sus miembros, pero no lo fue para su mediador – Cristo.   Benjamín Keach expresa este entendimiento:

  1. En lo que se refiere a Cristo, o a su parte, y trabajo en ella; fue por lo tanto un Pacto Condicional, Cristo recibe todo por nosotros, totalmente por cuenta de su propio Desierto, o Méritos. 
  2. Pero todo lo que nosotros recibimos en virtud de este Pacto, está totalmente en una manera de Libre Gracia y Favor, a través de sus Méritos, o a través de la Redención que tenemos por su Sangre: Pero tomadla de cualquier manera, es de Gracia. [4]

No sólo la novedad del Nuevo Pacto consistía en su naturaleza incondicional, sino también en que todos sus miembros participarían en la sustancia del pacto de gracia. “Ya no enseñarán a su prójimo, ni se dirán unos a otros: ‘Conoce al Señor’, porque todos me conocerán, desde el más pequeño hasta el más grande, dice el Señor” (Jer. 31:34). En este sentido, John Owen escribe: “Donde no hay cierto grado de conocimiento salvador, no hay interés en el Nuevo Pacto que pueda ser pretendido.” [5]

Las Escrituras declaran que la sustancia del Nuevo Pacto puede resumirse en tres bendiciones: la ley escrita en el corazón, el conocimiento personal y salvador de Dios y el perdón de los pecados el cual constituye la base de las otras dos bendiciones y de todo el Nuevo Pacto. Dios tiene gran cuidado en decir que esta sustancia no sería la herencia de sólo algunos de entre su pueblo, sino de todo su pueblo inclusivamente: “Porque todos me conocerán, desde el más pequeño hasta el más grande, declara el Señor.”

Autor: Pascal Denault
RBAP


Artículo original:
The Particular Baptist understanding of the New Covenant, Pascal Denault


NOTAS:
[1] Turretin, Institutes of Elenctic Theology, II:232.

[2] Owen, An Exposition of Hebrews 8:6-13, 259. Itálicas agregadas.

[3] Patient, The Doctrine of Baptism, And the Distinction of the Covenants, capítulo 9, argumento 6. Las itálicas son del autor.

[4] Keach, The Display of Glorious Grace, 173. Del mismo modo, John Bunyan, en una sección titulada “Las condiciones del Nuevo Pacto” presenta el aspecto condicional de este pacto; en otra sección titulada “Cristo cumplió completamente las condiciones del Nuevo Pacto,” demuestra que no es el creyente, sino solamente Cristo quien garantiza el éxito de este pacto y asegura sus bendiciones a sus miembros. Cf. John Bunyan, “The Doctrine of the Law and Grace Unfolded” en The Works of John Bunyan (Edinburgh/Carlisle, PA: Banner of Truth Trust, 1991), I:524, 534.

[5] Owen, An Exposition of Hebrews 8:6-13, 299.


Material traducido al español por:
L. J. Torrealba

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