que es un pacto divino - richard barcellos


¿Qué es un pacto divino? Una definición básica de un pacto divino es la siguiente: un pacto divino es una disposición relacional, iniciada por la soberana dispensación de Dios de su benignidad, bondad y sabiduría para con el hombre. En otras palabras, los pactos divinos comienzan con Dios y se extienden al hombre. Vienen de Él para nosotros. En este sentido, no son contratos o pactos entre dos iguales. No hay negaciones entre Dios y el hombre en relación con estos pactos. Los pactos divinos son el medio a través del cual Dios revela su benignidad, bondad y sabiduría al hombre. El asunto específico de los pactos divinos, en las palabras de Nehemías Coxe, está dado por “los beneficios que [Dios] otorgará al [hombre], la comunión que él [hombre] tendrá con [Dios], y la forma y el medio por el cual éstos serán disfrutados por el [hombre].” [1] Los pactos divinos tienen que ver con los beneficios otorgados por Dios, el tipo de comunión que el hombre debería tener con Dios, y los medios para obtener estas cosas. Cuando los pactos divinos exigen condiciones de obediencia por parte del hombre, pueden ser vistos como pactos de obediencia o de obras. Cuando un pacto divino ofrece todo lo que requiere, es un pacto de gracia. En la siguiente discusión, se dará cuenta de que considero el Antiguo Pacto como un pacto condicional, un pacto de obras, y el Nuevo Pacto como el Pacto de Gracia.

Nuestra segunda pregunta es: ¿Qué es el Nuevo Pacto en contraste con el Antiguo Pacto? Para responder a esta pregunta, vamos a observar cómo el Antiguo Testamento promete el Nuevo Pacto, y cómo el Nuevo Testamento explica y aplica el Nuevo Pacto. Considere Jeremías 31:31-34, que dice:

31 He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. 32 No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. 33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. 34 Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. (RV 60)

Dios prometió revelar este Nuevo Pacto, y este ser formal o históricamente inaugurado en el futuro (v. 31). Este pacto “no es como el pacto” en el Sinaí, que podía ser y fue roto por el Israel del Antiguo Pacto (v. 32). El Nuevo Pacto no puede quebrantarse. El mismo, asegura varias bendiciones para todos los que están en el pacto, (1) la ley escrita en el corazón (v. 33), (2) el conocimiento de la salvación universal de Dios por parte de la comunidad del pacto (v. 34a), y (3) el perdón universal de los pecados dentro de la comunidad del pacto.

Otro texto del Antiguo Testamento que habla del Nuevo Pacto es Jeremías 32:40. El SEÑOR dice a través de Jeremías: “Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.” Nótese el lenguaje de “pacto eterno” (cf. Is. 61:8; Heb.13:20). Dios no dará la espalda a los que están en este pacto, al igual que lo hizo cuando Israel quebrantó el Antiguo Pacto, alejándose de ese pueblo. Dios va a trabajar en los corazones y ninguno dentro de este Nuevo Pacto se apartará de Él.

Por último, considere Ezequiel 36:24-27. Esto es claramente una promesa del Nuevo Pacto:

24 “Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. 25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.”

Todos en este pacto son perdonados de todos sus pecados (v. 25). Todos en este pacto tienen un nuevo corazón (v. 26) y todos en este pacto poseen el Espíritu de Dios como la causa efectiva de su obediencia (v. 27).

Todo lo prometido por el Nuevo Pacto es dado. Varias veces Dios dice, “Yo haré.” El resultado de esos “Yo haré” es el perdón del pecado, un nuevo corazón, y el poder para obedecer la ley de Dios. Todo lo requerido se provee. En este sentido, el Nuevo Pacto no es como el Antiguo Pacto. Las bendiciones del Antiguo Pacto fueron condicionadas a la obediencia de Israel a la ley de Moisés (cf. Ex. 19:5-6 y Lev 26:3ss.). En el Nuevo Pacto, Dios concede todas las bendiciones del pacto a todos sus miembros. Como resultado de lo que Dios le hace a ellos y en ellos, ellos obedecen. Sin embargo, su obediencia no es una condición que debe cumplirse con el fin de ser bendecidos; es el resultado de haber sido bendecidos. Es el fruto de la membresía del pacto, no la condición.

El Nuevo Testamento confirma esta comprensión del Nuevo Pacto. Este está formalmente o históricamente inaugurado por la sangre derramada de Jesucristo (véase Mateo 26:26-29 [Marcos 14:22-24.]; Lucas 22:19-20). En Mateo 26:28, Jesús dijo, “porque esto es mi sangre del nuevo pacto.” En otras palabras, Cristo trae las bendiciones del Nuevo Pacto para nosotros a través de lo que Él hace por nosotros. Las bendiciones del Nuevo Pacto están condicionadas a lo que Cristo hace, no lo que hacemos nosotros. Sus bendiciones son disfrutadas por aquellos en la iglesia Judeo-Gentil (2 Co. 3:1-3, 6). Su virtud es aquella por la cual todos los verdaderos creyentes se salvaron antes de su formal inauguración histórica. Escuche a Hebreos 9:15 y 10:1-4.

15 Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. (He. 9:15)

1 Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. 2 De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. 3 Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; 4 porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados. (He. 10: 1-4)

Cualquiera de las personas salvadas antes de la inauguración formal o histórica del Nuevo Pacto fueron salvadas por su virtud salvadora. Esta es la razón por la que la 2ª CBFL dice en el apartado 8.6: “Aun cuando el precio de la redención no fue realmente pagado por Cristo hasta después de su encarnación, sin embargo la virtud, la eficacia y los beneficios de la misma fueron comunicados a los escogidos en todas las épocas desde el principio del mundo, en las promesas, tipos y sacrificios y por medio de los mismos, en los cuales fue revelado y señalado como la simiente que heriría la cabeza de la serpiente, y como el Cordero inmolado desde la fundación del mundo, siendo el mismo ayer, hoy y por los siglos.”

El Nuevo Pacto es permanente, a diferencia del Antiguo Pacto (Heb. 8:7, 13; 13:20-21; Is. 61:8.). Es mejor que el Antiguo Pacto, ya que tiene mejores promesas (Heb. 8:6). Asegura la justificación, la adopción, la santificación y la glorificación de todos sus participantes.

11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, 12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. (Heb. 9:11-12)

Los beneficios de la redención incluyen la justificación, la adopción, la santificación y la glorificación, y estos beneficios son disfrutados por todos los que están en el Nuevo Pacto. Es todo por gracia, no por las obras de la ley (Gal 2:16 y Ef. 2:8-9.). No recibimos estos beneficios de la redención haciendo algo para ganarlos, sino por creer en Cristo. Los mismos no están condicionados a la obediencia de la ley de Dios.

La eficacia salvadora del Nuevo Pacto se basa en lo que Cristo hizo por nosotros y no tiene nada que ver con lo que hacemos por Cristo. Asegura todas las bendiciones prometidas por ella a través de la obra de Cristo. Cristo gana las bendiciones del pacto por su obediencia (Ro.5:19; Fil. 2:8; Heb. 10:5-10). Él satisface plenamente todas las exigencias de la ley de Dios. También acaba por nosotros con toda la condenación en la cruz (Jn. 19:30; Ro. 3:25-26; Heb. 1:3). Además, gana el don del Espíritu para nosotros (Hc. 2:33). Y Él confiere a los creyentes en el evangelio todos estos beneficios solamente por la fe (Ef. 2:8-9). El Nuevo Pacto es un pacto lleno de gracia, el Pacto de Gracia.

La diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Pacto no está basada en que son la administración de un mismo pacto (por ejemplo, de una etapa a la segunda etapa o de una administración legal a una administración de gracia del mismo pacto). La diferencia entre los dos es de tipo o esencia. El Antiguo Pacto demanda obediencia para asegurar sus bendiciones temporales o promesas; el Nuevo Pacto confiere sus bendiciones o promesas las cuales son eternas. Las bendiciones prometidas en el Antiguo Pacto dependían de la obediencia de sus miembros; las bendiciones prometidas del Nuevo Pacto dependen de la obediencia de Cristo. El Antiguo Pacto es condicional para sus miembros; el Nuevo Pacto es incondicional para los que están en dentro. El Antiguo Pacto es temporal; el Nuevo Pacto es eterno.

Autor: Richard Barcellos.
(Traducido por: Lucas e Ivanna Vega)


Artículo Original
What is a divine covenant and what is the New Covenant in contrast to the Old Covenant?


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NOTAS:

[1] Nehemiah Coxe and John Owen, Covenant Theology: From Adam to Christ (Palmdale, CA: Reformed Baptist Academic Press, 2005) 36.

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