El Nuevo Pacto es el Pacto de Gracia

“¿Cuál es la diferencia entre la teología del pacto paidobautista y bautista?”

Recibo esta pregunta con más frecuencia que cualquier otra. Ya sea durante una conversación en el patio de la iglesia o mediante un mensaje directo en las redes sociales; muchos a menudo se preguntan: ¿Qué separa a dos hermanos dentro de la misma tradición?

En la tradición reformada, la teología del pacto tiene que ver con cómo vemos a Dios tratando con su pueblo a lo largo de la historia redentora. Vemos a Dios condescendiendo hacia su pueblo, y lo hace al hacer pactos con ellos. Pactos tales como el pacto de redención hecho entre la Deidad Triuna antes de la creación, el pacto de obras hecho con Adán en el jardín de Edén, el pacto de gracia que se le presentó por primera vez a Adán en el jardín (Gén. 3:15), el pacto de la circuncisión hecho con Abraham, el pacto Nohéico con Noé y toda la creación, el pacto Mosaico hecho con la nación de Israel, el pacto Davídico y el último, y más importante, el Nuevo Pacto. La forma en que uno define estos pactos bíblicos produce resultados como el bautismo solo para creyentes, el bautismo de infantes y cosas por el estilo.

Una de las distinciones más importantes entre estos dos hermanos (paidobautista y bautista confesional) es cómo ven el pacto de gracia. En su libro De la Sombra a la Sustancia, Samuel Renihan describe cómo muchos de los primeros bautistas confesionales describieron el pacto de gracia:

“… en su Confesión, los Bautistas Particulares vincularon directamente el pacto de gracia al Evangelio. Donde se encuentre el evangelio, está el pacto de gracia”.

Para muchos de estos primeros bautistas, todo el Antiguo Pacto estaba subordinado a este pacto de gracia. Ellos vieron que cuando examinas cada pacto por sí solo, lo que encontrarás es tanto una continuidad como una diversidad que deben tenerse en cuenta. En otras palabras, cuando dejas que cada pacto del Antiguo Testamento hable por sí mismo, el resultado es muy diferente al de sus hermanos paidobautistas. En lugar de aplanar todos los pactos del Antiguo Testamento convirtiéndolos en un solo pacto de gracia que se administraba de manera diferente y en diferentes momentos, muchos de los bautistas confesionales optaron por distinguir cada pacto del pacto de gracia, proporcionando una teología pactual pacto mucho más consistente encontrada en las Escrituras. 

Por ejemplo, {esta teología pactual consistente} permitió que el pacto de obras hecho con Adán permaneciera en el jardín, que el Pacto Noéico sea un pacto dado a toda la creación (incluidos los animales) y no específicamente a la iglesia. Permitió que el pacto Abrahámico fuera el “pacto de la circuncisión” que Esteban describe en Hechos 7: 8. Permitió que el pacto mosaico fuera un pacto de obras que gobernó a los israelitas en la tierra de leche y miel. Permitió que el pacto Davídico introdujera una línea de realeza que algún día produciría al verdadero Hijo de David en el Rey Jesús. También permitió que el Nuevo Pacto descrito por los profetas, Jesucristo y sus apóstoles, fuera realmente Nuevo, y no simplemente algo renovado.

¿Qué significa todo esto? Todos estos pactos del Antiguo Testamento no eran el pacto de gracia. Aunque contenían gracia dentro de ellos, los primeros bautistas no cometieron el mismo error que sus hermanos paidobautistas al aplanarlos a todos en un {mismo} pacto de gracia. Estos pactos que componían lo que las Escrituras llaman el Antiguo Pacto a menudo contenían gracia y promesas de recompensas al mismo tiempo que amenazaban a aquellos que no cumplían con su parte del pacto. Para muchos de los primeros Bautistas, estos Pactos del Antiguo Testamento no podían ser el pacto de gracia por sí mismos porque, para ellos, solo el Nuevo Pacto es el pacto de gracia.

El nuevo pacto

En el capítulo 7, párrafo 3 de la Confesión de Fe Bautista de Londres de 1689, el Nuevo Pacto se describe como tal:

“Este pacto se revela en el evangelio; en primer lugar, a Adán en la promesa de salvación a través de la simiente de la mujer, y luego mediante pasos adicionales hasta completarse su plena revelación en el Nuevo Testamento; y tiene su fundamento en aquella transacción federal y eterna que hubo entre el Padre y el Hijo acerca de la redención de los escogidos; y es únicamente a través de la gracia de este pacto como todos los descendientes del Adán caído que son salvados obtienen vida y bendita inmortalidad, siendo el hombre ahora totalmente incapaz de ser aceptado por Dios bajo aquellas condiciones en las que estuvo Adán en su estado de inocencia”.

Esta declaración confesional nos proporciona las mismas distinciones que ya he mencionado anteriormente con respecto al Nuevo Pacto. Puse un énfasis arriba en los puntos que discutiré a continuación.

“En Primer lugar, [revelado] a Adán…”

Dado que muchos de los primeros bautistas conectaron el Evangelio con el pacto de gracia, este pacto se presentó al pueblo de Dios no en la cruz sino en el jardín con Adán…

“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.
(Génesis 3:15)

Para los primeros bautistas, esta no solo fue la primera promesa del Evangelio de Jesucristo, sino que esta declaración confesional declara que el cumplimiento de esta promesa se estaría dando en el resto de la historia de todas las Escrituras. Esta promesa de salvación fue dada a Adán y a Eva justo después del castigo de la serpiente y justo antes de que Dios les diera su propio castigo. ¡Incluso antes de su castigo por comer del árbol, Dios fue misericordioso con ellos al compartirles la promesa del Evangelio en Génesis 3:15 !

“… mediante pasos adicionales”

El evangelio crecería. En De la sombra a la sustancia, Samuel Renihan describe este crecimiento:

“A medida que el Evangelio se fue dando a conocer progresivamente a lo largo de la historia, el pacto de gracia fue conocido progresivamente a lo largo de la historia”  

Esto significa que hoy tenemos un Evangelio mucho más claro que el que tenía Adán en el jardín, o el que Moisés tenía en el monte del Sinaí, o incluso el que Abraham tenía en el monte de Moriah. No dije que estos santos no tuvieran acceso al mismo Evangelio que nosotros hoy; dije que tenemos un Evangelio más claro que los santos de antaño. La Biblia nos dice que los santos de la antigüedad esperaban cosas mejores…

“Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”.
(Hebreos 11:10)

El pueblo de Dios del Antiguo Testamento fue salvo al mirar más allá de los tipos y sombras del Antiguo Pacto, hacia el cumplimiento de esas cosas, ¡que era el Cristo! A medida que el Evangelio se dio a conocer progresivamente a lo largo de la historia de la redención, el pacto de gracia se fue revelando progresivamente a lo largo de la historia de la redención (en pasos adicionales). Por lo tanto, el Nuevo Pacto se dio a conocer a lo largo de la historia de la redención porque todos los santos de todos los tiempos solo fueron salvados por el Nuevo Pacto. Todo esto se basó en un pacto hecho entre la Deidad trina antes de la creación.

“… tiene su Fundamento en aquella transacción fedeal y eterna que hubo entre el Padre y el Hijo acerca de la redención de los escogidos”.

Los primeros bautistas no solo equipararon el evangelio con el pacto de gracia, sino que también encontraron que el fundamento del pacto era el pacto de redención hecho entre la Deidad trina antes de la creación. El Evangelio de Juan nos brinda claridad con respecto a este pacto hecho en la eternidad pasada:

“Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero […] Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero”.
(Juan 6:37-40, 44)

Desde la eternidad pasada, el Padre enviaría al Hijo. Como recompensa por el Hijo, el Padre también le daría al Hijo un pueblo para Él. El Hijo nacería de una virgen, bajo la ley, y viviría una vida sin pecado para estas personas, resucitando de entre los muertos mientras recibiría a todas estas personas por el poder del Espíritu Santo y prometía resucitarlas en el último día.

Este pasaje y muchos otros describen esta transacción eterna entre el Dios trino del cual los primeros bautistas hicieron el fundamento del pacto de gracia. Aunque Cristo es el segundo y mejor Adán, Cristo no cumplió el pacto de obras que hizo Adán en el jardín. Más bien, Cristo cumplió Su propio pacto de obras, que fue el pacto de redención hecho en la eternidad pasada.

“… y es únicamente a través de la gracia de este pacto como todos los descendientes del Adán caído obtienen vida”

Muchos de los primeros bautistas confesionales no solo equipararon la promesa del evangelio con el pacto de gracia, sino que también conectaron el pacto de gracia con el nuevo pacto. Todos los santos de todos los tiempos solo han sido salvos de una manera, y es mediante la sangre de Jesucristo. Todos los que afirman ser parte de la tradición reformada deberían poder proclamar esto con valentía. Pero describir cómo se logra esto en realidad es algo completamente diferente.

Debido a que muchos de los primeros bautistas conectaron la promesa del Evangelio con el pacto de gracia y el pacto de gracia con el nuevo pacto, hoy podemos decir con orgullo y coherencia que todos los santos de Dios de la antigüedad han sido salvos exactamente de la misma manera que los santos de hoy son salvos. Fueron salvados por la fe en la promesa del Evangelio en Génesis 3:15. 

Esta promesa fue revelada progresivamente a través de la historia redentora mediante pasos adicionales, y aquellos que miraron más allá de los tipos y sombras del Antiguo Pacto se salvaron. Los santos de hoy son salvos mirando hacia atrás a las obras terminadas de Jesucristo.

Por ejemplo, al conectar estas cosas, los bautistas creían que Abraham fue salvo por algo fuera del pacto abrahámico; él fue salvo por la fe en las promesas de Dios y recibiría esa justicia ajena que le llegó solo por gracia, solo a través de la fe y solo en Cristo. Una vez más, esta justicia ajena vino de algo fuera del pacto abrahámico y no del pacto abrahámico en sí. Vino del Nuevo Pacto, a través del Pacto de Gracia, al que estaba subordinado el Pacto Abrahámico. Es posible que Abraham no haya tenido la claridad del Evangelio que tenemos hoy (Juan 8:56).

El nuevo pacto es diferente en sustancia al antiguo pacto. A diferencia de la obediencia requerida y las posibles maldiciones de los pactos antiguos, el nuevo pacto proporciona libremente lo que exige. Esto incluiría un corazón nuevo, el perdón de los pecados y ninguna amenaza de maldiciones si una de las partes no cumplía con su parte del trato.

Espero que este {artículo} sea un recordatorio útil de que Dios está cumpliendo sus promesas para muchos. Que nos anime que Dios realmente cumple sus promesas. El Nuevo Pacto se remonta a la historia a través del pacto de gracia. Juan el Bautista preparó el camino para el Nuevo Pacto (Marcos 1:6-8). Sabemos que Cristo trajo el Nuevo Pacto (Lucas 22:20), que Pablo fue ministro del Nuevo Pacto (2 Corintios 3:6), y que todos los santos de todos los tiempos han sido salvos solo por medio del Nuevo Pacto. Es por eso que los bautistas confesionales de la antigüedad, así como los de hoy, pueden proclamar con valentía que es solo por este nuevo pacto que se da la vida, se perdonan los pecados y los antiguos enemigos se convierten en hijos del Dios viviente.

Soli Deo Gloria



Autor: Rob Ruiz.
Robert es esposo de Diana desde hace 19 años, y padre de 4 hijos, Sophia, Bella, Joziah y Micah Luke. Es un veterano (retirado) de la Infantería de Marina de los Estados Unidos y actualmente es estudiante del Covenant Baptist Theological Seminary. Robert siente pasión por la unidad y diversidad de la tradición reformada y ama la iglesia local. Robert y su familia residen en el sur de California. Puedes seguir a Rob Ruiz en Twitter en @rruiz1689.

Artículo original: Only the New Covenant is the Covenant of Grace.
Traducido al español: Luis J. Torrealba.

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