El Pactum Salutis y la Simplicidad Trina

Prácticamente cualquier estudio de la teología del pacto reformada implica estudiar el pacto de redención. {Este pacto} se erige como un vínculo importante entre la obra Trina de la salvación y la unidad de la Deidad, tanto en esencia como en voluntad. En gran parte siendo un producto de la exégesis de la post-reforma y la síntesis doctrinal, el pacto de redención, o pactum salutis, es el pacto eterno intratrinitario hecho por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo para lograr y aplicar la salvación a los elegidos. Proporciona el fundamento eterno de nuestra salvación y el contexto pactual en el que ocurre la salvación.

Sin embargo, el pactum salutis no está exento de críticos y maltratadores. Una de las críticas más potentes proviene de quienes sostienen que el pactum salutis no es suficientemente Trinitario. Al no considerar la doctrina de la simplicidad divina, algunos argumentan que el pacto de redención requiere la introducción de múltiples voluntades en la Deidad. Desafortunadamente, estas acusaciones no son del todo inmerecidas, ya que algunos han utilizado el pactum salutis para fundamentar la autoridad ontológica y la dinámica de sumisión en la vida interior de la Trinidad.

Si bien las críticas y el uso indebido amenazan la desaparición del pacto de redención, creo que el pacto de redención es vital para comprender la unidad de la misión de la Trinidad. Además, y quizás en contra de la intuición, en lugar de oponerse al pactum salutis, la doctrina de la simplicidad divina proporciona un contexto importante para la construcción del pactum salutis a través de la doctrina de la apropiación divina.

El pacto de redención:
doctrina, recepción y base bíblica

De principio a fin, la salvación es Trinitaria. En los años 180, Ireneo de León describió cómo las personas de la Trinidad trabajan juntas en la salvación como “el Padre planea todo bien y da sus mandamientos, el Hijo los lleva a cabo y realiza la obra de crear, y el Espíritu los nutre y aumenta [lo que está hecho]”.[1] Desde la planificación hasta la realización y la aplicación, las personas de la Deidad trabajan inseparablemente de acuerdo con la voluntad divina singular, para producir la redención.

En esencia, el pactum salutis es un intento de comprender esos pasajes de las Escrituras que describen a las personas de la Trinidad planeando y llevando a cabo la salvación en la eternidad, dándonos una idea del corazón mismo de la naturaleza y misión de la Trinidad. El pacto de redención se ubica en la eternidad, es decir, antes que cualquier otra obra externa de la Trinidad, y conlleva el nombramiento del Hijo por parte del Padre para lograr la redención a través de su encarnación, vida, muerte, resurrección y ascensión, así como el papel {o rol} del Espíritu para ungir y equipar al Hijo para su misión como garantía y para aplicar su obra terminada a los elegidos. Por lo tanto, Scott Swain, utilizando Hebreos 2:10, dice el pactum salutis se refiere a los medios mesiánicos divinamente ordenados por los cuales el Padre “para quien y por quien son todas las cosas”, busca manifestar su gloria “llevando muchos hijos a la gloria”.[2]

Las semillas {o comienzos} del pactum salutis se pueden encontrar ya en el comentario de Jerónimo (ap. 347-420) sobre Zacarías 6:13, al que Herman Wistius apeló para defender la antigüedad de la doctrina.[3] La estructura esquelética del pactum salutis también se puede encontrar en las obras de Gaspar Olevianus (1536-87), Martín Lutero (1483-1546) y Jacobo Arminio (1560-1609). Sin embargo, no fue sino hasta la post-reforma en el pensamiento de teólogos como David Dickson, Johann Cloppenburg, Peter Bulkeley, Johannes Coceius y Herman Witsius que la doctrina floreció por completo.[4]

A menudo, el pacto de redención es acusado de “novedad”. ¿Cómo podría un producto tan relativamente tardío del pensamiento reformado ocupar un lugar tan destacado en la tradición? Lo que estas acusaciones no explican es el aumento en los esfuerzos exegéticos que la Reforma creó con su énfasis en los lenguajes bíblicos originales. En los siglos XVI y XVII, los teólogos comenzaron a alejarse de extraer su teología de la Vulgata Latina y comenzaron a utilizar el griego y el hebreo en sus esfuerzos exegéticos y teológicos.

Por ejemplo, este empuje hacia los idiomas originales condujo a Teodoro de Beza (1519-1605) rechazar la traducción latina de Lucas 22:29 -“Yo os nombro (dispono) un reino a vosotros”- y traducir la palabra griega διατίθεμαι como “Yo os pacto a vosotros” en su lugar. Así, según Beza, Jesús pacta un reino con sus discípulos tal como fue pactado con él. Las dimensiones del pacto redescubiertas en pasajes como Lucas 22:29 llevaron a la formación del pacto de redención, no a través de una teologización injustificada, sino a través de una exégesis cuidadosa.

Sin embargo, Lucas 22:29 no es el único pasaje que los redactores del pacto de redención usan para formular su doctrina. Junto con Zacarías 6:13, Salmo 2:7 y 110:1 sirven como textos del Antiguo Testamento que colocan el reinado de Cristo sobre la creación en términos claramente pactuales. Estos pasajes parecen describir una visión escatológica del Hijo, el Sacerdote-Rey que gobierna a la diestra de Yahvé. Los tres pasajes comparten un contexto pactual, evidente en palabras y frases específicas como “consejo de paz” (Zac. 6:13), “decreto” y “hoy” (Sal. 2:7), o el juramento de Yahweh de poner los enemigos del Hijo por estrado de los pies (Sal. 110:1). En el Nuevo Testamento, tanto Efesios 1 como 2 Timoteo 1:9-10 son pasajes que, junto con Lucas 22, contribuyen a la formulación del pacto de redención. En ambos pasajes, Pablo ubica los orígenes de la salvación en la elección de Dios “en Cristo”. Temporalmente, esta elección en Cristo ocurrió “antes de la fundación del mundo” y “antes de los tiempos de los siglos”.

Estos teólogos que articularon por primera vez el pacto de redención lo hicieron porque lo vieron como la conclusión teológica natural de su exégesis. El pactum salutis se une, no a través de textos de prueba aislados, sino entretejiendo varios pasajes y temas de ambos Testamentos.

El pacto de redención y
la teología trinitaria

Aunque, tradicionalmente, el pacto de redención ha tenido una posición de prominencia en la teología reformada, todavía tiene sus detractores. De particular interés es la acusación de que el pacto de redención no es suficientemente Trinitario. El pacto de redención, dice la acusación, no es lo suficientemente trinitario al encallar la doctrina de la simplicidad divina.

Históricamente, la Iglesia ha confesado que Dios es “simple”, es decir, no está formado por partes. Las personas de la Trinidad no son partes de un todo, y las personas no poseen solo una porción asignada de la esencia divina. En cambio, la esencia divina (o naturaleza) subsiste plenamente en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. En consecuencia, debido a que la esencia divina posee una voluntad divina, cada persona de la Trinidad posee plenamente la única voluntad divina.

Los Padres de la Iglesia estaban unidos en la creencia de que si las distintas personas de la Deidad poseían su propia voluntad, en lugar de poseer la única voluntad divina, entonces debían poseer su propia naturaleza, y si poseían su propia naturaleza, entonces no podían ser la misma esencia. Por ejemplo, al argumentar en contra del punto de vista de Eunomio de que las distintas obras del Padre y del Hijo necesitan que sean seres distintos, Gregorio de Nisa escribió: “Porque si existiera alguna variación en sus energías {o esencias}, de modo que el Hijo obró Su voluntad de una manera diferente para el Padre entonces (en la suposición a lo anterior) sería justo conjeturar, a partir de esta variación, una variación también en los seres que fueron el resultado de estas energías {o esencias} variables”.[5] Sin embargo, debido a que Dios es simple, la esencia divina, incluida la voluntad divina, subsiste plenamente en cada persona. Por lo tanto, la simplicidad requiere que no haya múltiples voluntades que las personas de la Trinidad unan, sino una voluntad divina singular.

El pacto de redención, según las acusaciones, no es compatible con esta comprensión clásica de la simplicidad. ¿No requiere el pactum salutis que el Padre tenga la voluntad de enviar al Hijo, y que el Hijo tenga la voluntad de encarnarse y lograr la redención, y que el Espíritu tenga la voluntad de empoderar al Hijo y aplicar la redención? Parece que, por su propia naturaleza, el pacto de redención requiere que las personas de la Trinidad tengan sus propias voluntades en el que pactan juntas para lograr su propósito compartido.

Los defensores del pacto de redención tienen una respuesta para esta acusación. La tensión de la simplicidad ha sido respondida, históricamente, por la utilización de la doctrina de la “apropiación divina”. Las apropiaciones divinas establecen que una persona de la Trinidad asume un papel especial o focal en cualquier trabajo externo de la Trinidad. Al considerar la relación entre el pactum salutis y la voluntad divina, hay que tener en cuenta no solo la singularidad de la voluntad, sino la forma tripartita de subsistencia de la única voluntad.

Recientemente, Scott Swain ha demostrado que John Owen es particularmente esclarecedor sobre este punto.[6] Él destaca la tensión que crea el pactum salutis con sencillez:

“El Padre, el Hijo y el Espíritu no tienen voluntades distintas. Son un solo Dios, y la voluntad de Dios es una sola como propiedad esencial de su naturaleza; y, por tanto, hay dos voluntades en la única persona de Cristo, mientras que hay una sola voluntad en las tres personas de la Trinidad. ¿Cómo, entonces, puede decirse que la voluntad del Padre y la voluntad del Hijo coincidieron claramente en la realización de este pacto?”[7]

Luego, Owen resuelve la tensión afirmando que cada persona divina subsiste de manera distinta dentro de la única esencia. Así, cada persona actúa individualmente de acuerdo con la parte que le corresponde personalmente en la obra de Dios ad extra. La apropiación, entonces, es la aplicación de la única voluntad divina a esa acción personal. La voluntad no está dividida, pero se apropia claramente de cada persona mientras se prepara para actuar o está en acto:

“¿Esta dificultad puede resolverse [teniendo en cuenta] la distinción de las personas en la unidad de la esencia divina, ya que […] actúan en actos naturales y esenciales recíprocamente entre sí. […] Así como subsisten distintamente, también actúan distintivamente en aquellas obras que son de operación externa. […] La voluntad de Dios en cuanto a los actos peculiares del Padre es la voluntad del Padre, y la voluntad de Dios en cuanto a los actos peculiares del Hijo es la voluntad del Hijo; no por una distinción de voluntades diversas, sino por la aplicación distinta de la misma voluntad a sus actos distintos en las personas del Padre y del Hijo”.[8]

La doctrina de las apropiaciones no solo resuelve la aparente tensión que crea el pacto de redención con la simplicidad divina, sino que demuestra que el pactum salutis, a través de las apropiaciones divinas, en realidad ayuda a mantener la simplicidad divina. Las obras externas de la Trinidad son inseparables (simplicidad) pero individualmente apropiadas para lograr la única voluntad de la Trinidad (pacto de redención).

El pacto de redención se formuló con especial cuidado para defender el Trinitarismo histórico a través de la simplicidad y la apropiación. Este contexto histórico es la razón por la que los defensores de la EFS {Subordinación Funcional Eterna} se equivocan cuando intentan utilizar el pactum salutis para apoyar las estructuras de autoridad y sumisión dentro de la Trinidad ad intra. El pacto de redención no es una extensión de la autoridad pre-temporal y las relaciones de sumisión, sino que es la apropiación de la única voluntad divina. Además, los roles respectivos de las personas en el pactum salutis se entienden mejor como una extensión de sus relaciones de origen -el Padre no es engendrado y engendra al Hijo, el Hijo es engendrado del Padre, el Espíritu procede del Padre y del Hijo- no como una estructura de autoridad eterna.[9]

Conclusión

En lugar de encallar la simplicidad divina, el pacto de redención mediante la apropiación demuestra que la redención es el acto acorde con la única y divina voluntad de Dios. De hecho, el pactum salutis es el eje entre Dios en sí mismo y Dios en relación con el mundo. Nuestra salvación fue un acto de pacto trinitario. El Padre nos eligió en Cristo, el Hijo se encarnó y compró nuestra salvación por su muerte sustitutiva, y el Espíritu aplicó esa salvación sobre la fe en Cristo, para alabanza del Padre, del Hijo y del Espíritu.


Notas finales:

[1] Ireneo, Against Heresies {Contra las herejías}, 4.38.3.

[2] Scott Swain, “El pacto de redención”, en Christian Dogmatics {Dogmática Cristiana}, ed. Scott Swain y Michael Allen (Grand Rapids: Baker Academic, 2016), 117.

[3] Herman Witsius, Economy of the Covenants Between God and Man: Comprehending a Complete Body of Divinity {Economía de los pactos entre Dios y el hombre: Comprensión de un cuerpo completo de teología}, 2 vols., Trad. William Crookshank (1822; Escondido: Fundación Den Dulk, 1990), II.ii.8. Cf. J. V. Fesko, The Trinity And the Covenant of Redemption {La Trinidad y el Pacto de Redención}, (Gran Bretaña: Mentor, 2016) , loc 215.

[4] Richard A. Muller, “Toward the Pactum Salutis: Locating the Origins of A Concept” {“Hacia el Pactum Salutis: Ubicando los Orígenes del Concepto”}, Mid-America Journal of Theology, 18 (2007), 15.

[5] San Gregorio de Nisa, “Contra Eunomio”, en Nicene and Post-Nicene Fathers {Padres Nicenos y Post-Nicenos}, vol. 5, II (Christian Classics Ethereal Library). 136.

[6] Swain, “The Covenant of Redemption”, pág. 121.

[7] John Owen, Hebreos, 18:87.

[8] Ibíd., 18:88.

[9] Véase Matthew Y. Emerson y R. Lucas Stamps, “On Trinitarian Theological Method” {“Sobre el método teológico trinitario”}, en Trinitarian Theology: Theological Models and Doctrinal Application {Teología Trinitaria: Modelos Teológicos y Aplicación Doctrinal}, ed. Keith Whitfield, (Nashville: B&H Academic, 2018).


Jake Rainwater
Es el asistente de registro y estudiante de Ph.D. en teología sistemática en el Midwestern Baptist Theological Seminary. Sus intereses de investigación incluyen la doctrina de la santificación, la soteriología en general y la metodología teológica. Es miembro de la Iglesia Emmaus en North Kansas City, donde forma parte del personal que ayuda con la residencia pastoral de la iglesia. Está casado con su novia de la secundaria y tienen una hija de un año y un gran danés llamado Scotland.

Artículo original:
An Appropriate Pact. The Pactum Salutis and Triune Simplicity.

Traducido por:
L. J. Torrealba

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